martes, 29 de enero de 2013

HISTORIAS DE UN INGRESO HOSPITALARIO

 

Cuando uno entra en Urgencias de un Hospital no es por gusto. Normalmente un familiar, un allegado, un amigo, alguien lo suficientemente importante para nosotros, está pasando un momento malo y lo peor de todo es que no sabemos porque le viene. Los médicos empiezan a mirar, empiezan a valorar unas posibilidades u otras hasta que por desgracia pero por su bien,… lo ingresan.

 

Todos sabemos lo mal que se pasa hasta que el diagnóstico llega y por fin, cuando todo queda en un tratamiento de un par de meses o tres,… nos sentimos hasta aliviados.

 

Cuando el tiempo pasa, la medicación ha hecho efecto o ya se ha dejado, es cuando podemos pensar en todo lo que hemos pasado desde la entrada en urgencias hasta la salida o el alta del hospital.

 

Entramos en el hospital a eso de las 18h. Vemos las camillas, las sillas de ruedas y pensamos,… ¡Cuando me va a tocar a mí! De golpe y porrazo, una mujer que apenas lleva una hora, que dice que se ha caído en mitad de la calle y que tiene una brecha sin sutura, se levanta de la silla de ruedas y dice que está harta de esperar (tal y como está la sanidad y la reducción de personal, yo me pregunto si esa señora de verdad se ha caído en la calle o se ha tirado porque no es normal que sólo lleves una hora, ya estés dentro, que es también toda una aventura viendo la cantidad de personas que van a urgencias como si fueran a pasar la tarde cosa no tan agradable para los que verdaderamente la visitamos de pascuas a ramos y siempre porque es la única alternativa que perece vislumbrar en nuestro horizonte). Las enfermeras, ATS y demás, intentan que tome asiento en la silla de ruedas con una voluntad dulce pero firme. La señora se sienta y se duerme (cuando recibe un golpe en la cabeza dicen que eso no es bueno). Una enfermera que la ve pasa y llama al médico que la despierta con el consecuente enfado de la señora. “¡Que la lleven a rayo!” dice el médico un tanto preocupado (uno piensa para sus adentros,… ¿No habrá un cuarto acolchado en psiquiatría para ella? Yo creo que estaría mucho mejor allí. Lo piensas pero te callas. En ese momento de lucidez que te da el dolor has sido malo hasta con el pensamiento. ¡Quizás yo tampoco debería estar aquí! Acabo pensando cuando el dolor se intensifica y estoy a punto de gritar).

 

Pasamos a un box y al lado una mujer mayor (otra diferente a la anterior) muy nerviosa con problemas respiratorios. El médico le dice que le den un diurético y la mujer se enfada porque tendrá que levantarse toda la noche a orinar. “¡No señora! Tiene que llamar al timbre porque está reteniendo mucho líquido y tenemos que controla lo que elimina” le responde el especialista. La señora que no le parece una buena idea, acaba cediendo y los hijos (todos varones) no quieren pasar la noche en un sofá muy duro del box. Acaban dejándola sola y la mujer, ya no sé si para joder o porque es mas corta que las mangas de un chaleco, se dedica a pasarse toda la noche gritando a grito pelao SEÑORAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, en plan Gracita Morales pero sin puñetera gracia, para llamar a las enfermeras que pasan por la puerta. Al señora molesto se une,… ¡¡¡QUE ME MEOOOOOOOOOOOOOO!!! Convirtiendo uno de los box de urgencias más en un mercadillo que en un lugar de reposo y descanso como rezan en la mayoría de carteles que rodean todos los rincones visibles de este lugar sanitario. Al final una enfermera se presenta y le explica que no se puede gritar y que tiene que presionar el botón. Le traen la cuña, hace dos gotas de pipi y la dejan allí otra vez esperando que se duerma (si no se duerme le atizo con mi cuña, pienso yo de nuevo en un ataque de despertar molesto tras el medicamento suministrado a mi persona). Cuando parece que la calma reina y que será posible dormirse media hora larga, los gritos del SEÑORA vuelve a invadir el box pero ahora la mujer no se mea,… ¡SE CAGAAAAAAAAAAAAAAAAAA! (no se si me molesto por la forma de decirlo o por la forma de seguir llamando a las enfermeras a grito pelao pese a que ya le han explicado el mecanismo del dichoso botoncito. Señora (me da por pensar) o aprieta el botón la próxima vez o me voy a dedicar a clavarle todas esas agujas de sacar sangre en plan acupuntura por todo el cuerpo,… ¡Y yo no sé de acupuntura!

 

Por fin hay una cama libre y subimos a planta. Allí, otra mujer mayor, está con problemas respiratorios también. Es una señora inquieta y muy nerviosa de unos noventa y tanto años. Empiezo a suponer que podré descansar un poco pero no es así. La mujer se quita la medicación porque dice que hace mucho ruido pese a que la mascarilla la tiene en la cara y no en el oído. Luego, cuando le traen la comida, si quiere quitar la “nubolización” y las enfermeras le dicen que hasta que no acabe, no puede comer (con una paciencia y una dulzura que cuesta creer que estén sufriendo recortes en su trabajo. Me da por pensar,… ¡Esto es profesionalidad y lo demás son tonterías!). Cuando se acaba el tratamiento, la mujer ya no quier comer (¡Para eso tanto molestar a las enfermeras! Yo la cogía y le hacía tragar hasta el plato de plástico pero tomo aire e intento dormir). La hija se va, nos desea buenas noches. Mientras nosotros esperamos un poco más, la señora de noventa y tanto años, dice que está harta de estar allí. La cortina está corrida porque están aseando al paciente de al lado cuando, por un casual, oímos ruidos de la barandilla metálica. ¡¡¡DIOS!!! ¡PERO QUE HACE SEÑORA! Corre un familiar mío a rescatar a la señora que no se podía mover y que ya tenía medio cuerpo fuera de la barandilla apunto de estrellarse contra el suelo. Avisamos corriendo a las enfermeras (esto sí es una urgencia y no el comer o no comer de antes). Las chicas le dicen que se tiene que quedar ahí y llaman a la hija que aún no había salido del recinto sanitario pues estaba hablando con un ATS conocido. La mujer vuelve y le dice a las enfermeras que su madre toma una medicación para los nervios que SE HA OLVIDADO COMENTARLE AL DOCTOR. ¿Qué hacen las enfermeras? Pues tener que aguantar a aquel manojo de nervios toda la noche pues ellas no pueden suministrar un fármaco sin que lo haya recetado un médico. Pues toda la noche la abuela FUGITIVA venga a intentar salirse de la cama y las enfermeras cada dos por tres, barrándole el paso en muchos casos in extremis para que no acabara estrellándose contra el suelo. Por fin pasa un médico y le da algo que la consigue dormir. ¿Y esto es para que yo mejore o para que acabe tirándome desesperada por la ventana de un piso cero?

 

En fin, que todo aquel que piense que el que está en urgencias es por gusto ya le digo yo que no. Pero si encima le da por pensar que el que acaba ingresado lo hace por cobrar de la seguridad social y pasar unos días de vacaciones ya les digo yo que para nada, mi concepto de las vacaciones, incluye señoras mayores que no saben ni lo que quiere y que se pasan toda la noche o practicando el escapismo o haciendo oposiciones para pregonera de su pueblo.

 

MORALEJA: Según nuestros amigos de Wiki el sector salud o la sanidad (del lat. sanĭtas, -ātis) es el conjunto de bienes y servicios encaminados a preservar y proteger la salud de las personas. Yo ampliaría, con su permiso, la definición diciendo lo siguiente: Eso siempre el vecino de cortina, box o cuarto lo permite sino acabas jodido, mucho mas jodido de lo que entraste. La sanidad no es para todos pero no por falta de recursos materiales, que también, sino por la falta de recursos de conciencia humana. Pero en fin, como a las personas mayores se les tiene que perdonar todo, dejemos esta definición como algo entre tú y yo. ¡Mejor así! Todos tenemos que llegar a viejos. ¡Ojala lo hagamos con la cabeza sana!

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